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domingo, 4 de enero de 2015

Yo... Argentina




Sonó el timbre. Su vecina ya le caía encima para contarle del nuevo asalto en el barrio y que un desconocido se había colgado de algún teléfono de la cuadra  ─¿No será del suyo Pantaleón?

Volvió y cayó pesadamente en la silla naranja vintage, años 70.
Crónica seguía inmutable: "El informe presentado por la diputada Anita fue defenestrado en el Congreso por presentar faltas de ortografía. Pasando al ámbito internacional, nuestros ciudadanos han tenido inconvenientes para ingresar a otro país porque el plástico que cubre la foto del pasaporte se despega con facilidad. Al respecto, el Estado estudia los pliegos de licitación para la fabricación del llamado "pasaporte chip" que se coloca debajo de las uñas (entre la uña y la piel del pasajero) y sería así inalterable. Dicho pliego pertenece a la empresa alemana Mastrogësen y estima el precio de cada unidad en..."

Pantaleón dejó el sándwich. Miró a su alrededor: un ambiente supuestamente pop, supuestamente alegre, pero tan gris... Se quiso parar pero se volvió a caer en la silla vintage.

Están de moda_ dijo_ pero me deja el traste cuadrado.

Crónica arremetía: "Un proyecto oficial planea angostar varias cuadras de la Av. Corrientes. Se plantarán árboles en las veredas, se mejorará la iluminación y se ordenarán los carteles publicitarios agregándoles musicalización que estaría a cargo de Radio Nacional. Para eso se estima una inversión de 12 millones de dólares (valor blue) los cuales se recaudarán del nuevo impuesto a los jubilados por el uso de servicios del Pami. Mastri  sigue así incursionando en las mejoras de las bici sendas…."

Tragó un poco de vino tetrabric y pronto presintió lo que se avecinaba: Un eructo que venía de lo más profundo de sus tripas se abrió paso rápidamente, salió de su boca y todo empezó a temblar. Una inmensa masa olorosa inundó la cocina, el living comedor, el dormitorio... La desidia y la quietud se mezclaban en el olor del salame rancio y el gusto agrio del contento pasajero, la alegría disfrazada del gol de  Racing que disfrutó un poco anoche, la tranquilidad de "todavía tengo un trabajo hay que cuidarlo", el sobre del sueldo magro y descontado.

La primera en moverse fue una mesita de tres patas de 1957 más vintage que la silla naranja; comenzó a girar en espiral y se elevó, se elevó y rajó por la ventana, viajando por el espacio del tiempo hasta llegar justo un segundo antes de que una mamushka apoyara sobre ella una radio a transistores en la cual anunciaban (en ruso, claro) el lanzamiento del satélite artificial Spútnik I, adelanto del comunismo.

Después le siguió el escritorio de fórmica amarillo y patas metálicas, también remolino y a rajar. Se instaló en el mayo francés de 1968, a tiempo para que Cortázar terminara el capítulo 75 de Rayuela.

La psicodélica fuente de plástico con frutas de plástico llegó a los postres de un hogar español en 1975, donde festejaban la muerte de Franco, y el espejo decorado con borde de hojalata fileteada fue a parar a un cuartel americano, donde el soldado Jhonny Black alcanzó a mirarse al pasar, después de su reciente llegada de Vietnam.

La banqueta fucsia con almohadón amarillo salió en volteretas torpes y así llegó a Puerta de Hierro donde no tuvo buen recibimiento, el perrito blanco de Perón destrozó el almohadón en un segundo, "Fuera pichicho, fuera" decía Isabelita.

La cama tuvo inconvenientes para salir. Primero intentó por la ventana, no hubo caso, así que se abrió el techo y salió volando, por supuesto a tiempo para sostener el cadáver de Sadat que cayó pesadamente luego de ser asesinado por extremistas islámicos (prefiero no mencionar qué grupo, no vaya a caerme un escuadrón de la CIA por escribir esto).

En cambio, la lámpara de pantalla verde tuvo una salida suave, se deslizó armoniosamente y fue a parar a la recámara principal del Papa Juan XXIII, mientras éste terminaba la encíclica Pacem in terris y su doctrina de la iglesia acerca de la paz y sus relaciones con el comunismo. ¿Otra vez el comunismo? Y, sí.

El sillón metálico de tiras de plástico blancas, el preferido de Pantaleón, voló para sostener el cuerpo cansado del Che que acababa de escribirle una carta a Frondizi donde le decía "Estuve reflexionando sobre lo que hablé con usted, eso de que Cuba no insista en querer exportar la revolución a otras naciones. Pero ¿sabe lo que pasa Arturo? Aún sin injerencia o influencia cubana, la revolución es inevitable pues están cerrados los caminos de la evolución pacífica en América".

Y así uno a otro, todos los muebles de la casa se rajaron. Definitivamente. Out, fuera del país.

Pantaleón se quedó atónito, dando vueltas sobre sí mismo. Pero... ¡Ah! El tapiz inca de la pared del living aun estaba ahí. Bastó para que lo mirara y éste empezó a temblar, dio vueltas, y se esfumó literalmente. Fue a parar a la sala de sacrificios del emperador inca Tupac Yupanqui... Pero ¿no hace mucho de esto? Es que se quiso ir bien a la mierda, por la dudas.

Y así, Pantaleón buscó un lugar para sentarse. Lo único que encontró y que no pudo irse fue el inodoro. Se sentó y se puso a leer el diario.

─ Pero dígame doña Chola, ¿el pobre no pudo hacer nada?
─ Iba a hacerlo, pero justo se lo tragó el inodoro y fue a parar a las cloacas y...
─ ¿Y usted no pudo… hacer nada?

─ Le repito, Erminda, no me haga preguntas, yo no sé nada, yo... argentina.

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